Entrevista con la BBC de Escocia


Una insólita sorpresa fue sin duda la amabilísima invitación que me hiciera nuestra queridísima y carismática amiga Laura Niland a participar en una entrevista con la BBC de Escocia. Desde la antigua Alba, la fascinante tierra de imponentes castillos y ancestrales clanes y la más septentrional de las regiones del orgulloso Reino Unido, realizaron viaje especial a San Antonio una reportera y su eficiente equipo de camarógrafos para filmar un documental del acordeón estilo piano en Estados Unidos. Los invitados a tocar fueron los maestros Nick Ballarini, de Dallas, Mario Pedone, italiano que reside en Houston, y el grandísimo Robert Atwood. Estos tres grandes artistas tienen en común el ser los mejores acordeonistas de su respectiva ciudad. De ahí, precisamente, lo inesperado de la invitación de Laura pues no creo merecer la distinción de estar en tan ecléctico grupo.


Laura ha sido la presidenta del Club de Acordeones de San Antonio desde hace unos 15 años. El reglamento interno del club claramente indicaba que el presidente podría ser reelecto una sola vez para así servir no más de dos años consecutivos. Hizo Laura tan buen trabajo que los miembros de la asociación decidieron para siempre ignorar el reglamento. Así, con un inigualable estilo que solo puede equipararse a la triunfal marcha del partido político que dominó las elecciones presidenciales mexicanas por siete décadas sin apenas despeinarse, cada año se celebran democráticas elecciones en el club en el que la única candidata es Laura. Yo les he propuesto que sería mejor otorgarle el título de presidente vitalicio, pero mis amigos acordeonistas, quizás para guardar las apariencias, quieren tener la votación cada mes de noviembre. Probablemente lo hagan también para tener un motivo más de reunirse y pasar un agradable rato musical con los amigos.


El caso es que halagado por tan inmerecida como placentera invitación, acudí al restaurante donde la entrevista tendría lugar, no sin padecer de ciertos nervios pues poco prometedor era el prospecto de tocar junto a tres estrellas consagradas de la fisarmónica. Practiqué Granada y una de las jotas navarras que poca gente conoce y que están escritas específicamente para el acordeón por maestros como Enrike Celaia, los Tres Campeones Vascos y otros varios con notables nombres cuya ortografía y pronunciación son incapaces de traicionar su origen éuscaro.


Al llegar me encontré con la noticia de que el equipo de la BBC llegaría un poco tarde. Estaban tocando Nick Ballarini y Mario Pedone juntos, demostrando su inigualable gracia y maestría. Los demás estábamos muy entretenidos escuchándolos. Mario Pedone es de Bari, al sur de Italia, y habla el barés, el italiano, el castellano y el inglés. El español lo aprendió en Venezuela, donde vivió desde los ocho años hasta la edad adulta. El barés, según platica Mario, es ininteligible para todos los demás italianos. Además, existen frecuentes variaciones en el dialecto entre pueblos colindantes. El humilde y apacible arroyo que formando vericuetos demarca la frontera entre el pueblo de Mario y el vecino es fuerza suficiente para producir palabras que se usan en un pueblo, pero no en el otro. Me acuerdo de la palabra cabete, que solo en Córdoba he escuchado para referirse a lo que en muchas otras regiones de habla castellana conocen como las "agujetas" o "cintas" de los zapatos. Será indispensable preguntar a Lucina y Tino qué palabra usan en mi querida Pluviosilla para los cabetes cordobeses. Habré también de preguntarle a Don Ramiro cómo le dicen a esta indispensable parte de nuestro calzado en su añorada Colombia. No dudo que exista alguna otra forma de llamarles en aquellas verdes y evocadoras regiones del Valle del Cauca, que por su verdura, ríos e imponentes montañas, mucho en común tienen con los valles que con tupidos y aromáticos cafetales y cañaverales sin fin acogen a mi natal Córdoba y su compañera de siempre, Orizaba.


Se les pidió a Nick y Mario que interpretaran un par de melodiosos valses del italiano Güido Deiro, famoso en los círculos acordeonistas tanto por la gracia y armonía de todas sus composiciones como por la dificultad de muchas de las mismas. En el segundo vals se les unió un acordeonista escocés que a mi entender venía con el grupo de reporteros. Excelente músico resultó ser el pelirrojo, quien después tocó música típica de su isla. Alegre como tan difícil de acompañar que fue su pieza, ya que pudo por lo intrincado de sus ritmos dejar callados a todos los demás acordeones del restaurante.


El acordeón más popular en Estados Unidos es el de estilo piano. Es, por supuesto, el único que puedo tocar, y se distingue del cromático y del diatónico. Este último es de botones en los dos teclados y tiene la insuperable dificultad--cuando menos para mí--de que al abrir el fuelle el aparato produce sonidos distintos a los que de sus alegres pulmones salen al cerrarlo. Es un instrumento que como herencia cultural han apropiado los conjuntos del norte de México y sur de Texas. En la mano izquierda este instrumento tiene unos cuantos botones de bajos solamente, que solo en contadas ocasiones utilizan nuestros paisanos al tocarlo. El acordeón cromático se parece al de estilo piano en que tiene en su lado izquierdo 120 bajos y que al abrir y cerrar cada botón emite el mismo timbre. En la mano derecha se encuentran entre tres y cinco filas de botones que siguen un muy interesante patrón matemático. Alguna vez tuve la oportunidad de dar los primeros pasos en este tan intrigante instrumento que parece permitir al que lo toca una mayor velocidad que el de estilo piano. No creo posible que a mis años pudiera alcanzar a dominar este pariente cercano de mi acordeón, pero siempre me ha parecido ser un instrumento que valdría la pena explorar con detenimiento. Su uso es muy extendido en Europa y recibe el nombre de cromático porque a diferencia del acordeón diatónico, sí le es posible dar todas las notas de la escala musical. Esta última es otra cualidad que comparte con los acordeones tipo piano.


Regresemos a los eventos de esta memorable noche. Para mi satisfacción y alivio, nos pidieron a Mario Pedone, Robert Atwood y a mí el pasar al frente para tocar juntos. Robert es excelente acordeonista y mejor amigo, a quien tenemos el gusto de conocer desde hace ya casi 20 años. Lleva toda la vida tocando música alemana con un grupo folklórico. Además produce sus propios discos con arreglos que con pericia él ha producido, para música clásica y folklórica. Mi papá lo muy bien pues en alguna ocasión en que Robert nos visitaba tuvo el delicado gesto de dedicarnos la Danza de los Comediantes de la ópera La Novia Cambiada, de Smetana. Tiene Robert arreglos de gran calidad de la Marcha Radetzky y otras muchas composiciones de los Strauss.


Empezó la tanda Robert, pidiéndonos a Mario y a mí que lo siguiéramos pues quería tocar una polka de Eslovenia. Así lo hicimos y al parecer salió bastante bien pues la concurrencia nos regaló numerosos aplausos. En seguida Tocó Robert alguna pieza alemana para luego invitarnos a que lo acompañáramos con A Vuchela, entrañable canción, vieja conocida mía pues la canta Rafa en el bello dialecto napolitano. Las cámaras parecían hacer acercamientos a nuestros teclados mientras tocábamos, pero estábamos los tres disfrutando tanto que no les prestamos la menor atención. Me tocó a mí pedirles que me siguieran con la jota navarra que tanto me gusta y que había yo interpretado en nuestros dos recitales de Pedro Díaz. Fue de los más placentero y satisfactorio ver a Robert y a Mario "pagar el favor" y seguirme con improvisadas cadencias que hicieron lucir a esta saltarina y veloz jota. Siguió Robert con un chotis alemán que con gusto secundamos los otros dos. Le sugerí entonces a Mario que era apropiado tocar el mejor chotís--de cualquier nacionalidad--por lo que siguió Madrid, para deleite de los presentes, que aunque no parecían haberlo jamás escuchado, quedaron muy complacidos. Fue esta la última canción de nuestra actuación.


Siguió luego la entrevista, en donde la reportera le hizo a Laura varias preguntas mientras a los demás nos colocaron estratégicamente en las mesas del restaurante y nos pidieron que platicáramos como si nada pasara. Calló la música en estos momentos para permitir a la reportera el escuchar a Laura.


Una tarde sin duda inolvidable para mí, que espero se pueda repetir pronto. Robert tuvo la gentileza de obsequiarme su último disco, que incluye la tan brillante como sentida Danza de los Comediantes, arriba mencionada, y que trae una especial dedicación de Robert, "para tu papá, en recuerdo de aquella velada de hace tantos años, agradeciéndole su aplauso".


Junio 30, 2010