Toccando le stelle con un dito (Ani)


Otro de los dichos cotidianos de Gianantonio, el veneciano con quien tengo el gran privilegio de dar clases en equipo, es "Toccando le stelle con un dito", que traducido al castellano diría "Tocando las estrellas con el dedo". Otra de sus tan agradables y atinadas expresiones italianas que usa para celebrar triunfos. Creo que mis papás le han hecho honor a este dicho pues han tocado las estrellas durante tantos años del matrimonio del que somos fruto, matrimonio que hoy celebramos otra vez al cumplirse el 20 de noviembre.


Y vaya que la banda de MacArthur ha “toccato le stelle con un dito” en el concierto de esta noche. No solo Ani quien tocó el pícolo a la perfección, sentada en la primera fila del escenario con las otras flautistas, sino toda la banda nos han dado un majestuoso espectáculo que tuvo como pieza central la Obertura Rienzi de Wagner. Esta obra maestra está escrita con el típico estilo brillante del celebérrimo compositor alemán (el famoso sonido "Wagner"). Ya de por sí emotiva, la obertura se hizo mucho más emocionante nada más de saber que estaba siendo tocada a la perfección por un grupo de adolescentes al mando de su talentoso director, el professor John Goforth. Este último es el conductor de Barras y Estrellas en la que Ani tiene su solo.


Tanto en la función de esta noche como ahora en la tranquilidad de mi casa me hago dos preguntas. Una tiene que ver con el maestro Wagner. No puedo concebir que un simple ser humano pueda haber compuesto una obra tan preciosa. La única explicación es sin duda lo mismo que digo del genio y talento que tienen todos los nietos de Raúl y Tere Moras para tantas y tantas cosas: son dones de Dios y manifestaciones inequívocas de las maravillas de su creación. Estoy convencido que otra de estas maravillas es que exista música que pueda llevar a los que la escuchan a las lágrimas. Gran misterio de la música y de la naturaleza humana. La segunda pregunta no la podremos contestar en algún tiempo. Le pregunté a Mr. Goforth si él creía que los niños realmente apreciaban lo que es poder interpretar a Wagner. Me dijo el profesor, "Cuando estos chamacos cumplan algunos años más y oigan la obertura quizás se acuerden que alguna vez la tocaron aquí en MacArthur y tal vez comprendan lo sublime que fue el poder hacerlo a los 16 años. Mas ahora ni les preguntes que no van a saber ni de qué estás hablando." Qué atinada la opinión del profesor, a quien le llevo dos años y quien también fue integrante de una banda cuando fue a la preparatoria y atesora los recuerdos de su juventud.


Al salir del concierto nos recibió un fuerte viento del norte, que acababa de tocar las puertas, y que aunque seco, bajaría considerablemente las temperaturas. Con el cielo nublado es imposible ver las estrellas pero sabemos que Raúl y Tere las siguen alcanzando triunfalmente.