Madjid Tehrani

Roxanna's father and dear in-law. In memoriam.


My beloved Madjid: you defined the word, “unforgettable.”

Unforgettable - were your words to me the day of Roxanna and my son Rafa’s beautiful wedding: "Papacito, we are family."

Unforgettable was your loving description the Sofreh Aghd Persian wedding table. A friend and I were admiring the magnificent spread as you joined us. While you went over the profound significance of each of the traditional items (the mirror, the exquisite candle, an old book, flatbead and wheat, a plethoric array of fruit, ornately decorated eggs, a plentiful collection of almonds, hazelnuts, and walnuts, and honey.), my friend reached ate most of the candy. You smiled and finished his rendition of the Persian tradition that informs Sofrh Agdh. It wasn´t until later that we learned that eating the candy is a big no-no. Your genuine smile was unforgettable.

Unforgettable was your question to me when that lively Persian music started playing at Roxanna’s wedding. You asked me, "Do you know how to dance?" I immediately nodded my head no. "I'll teach you," was your prompt and enthusiastic reply. And here we were, the very proud parents of the beautiful bride and the handsome groom dancing together to the ancient, exotic rhythm of those melodic, enchanting tunes. You danced with much grace and expertise. I experience great feelings of relief and was delighted to realize that my lack of elegance and ability to follow you did not matter: you never ceased to smile despite my obvious shortcomings! Unforgettable.

Always a gentleman, a perfect host, and a proud and worthy descendant of those old Persians who once ruled the word... Your heart was as big as your unforgettable smile.


Recordando a nuestro querido consuegro, padre de Roxanna

Mi muy querido Madjid, tú supiste definir la palabra, "inolvidable".

Inolvidables fueron las amabilísimas y muy sinceras palabras con las me recibiste en la hermosa boda de Rafa y Roxanna: "Papacito, ya somos familia".

Inolvidable sin duda alguna fue tu muy sentida descripción de la mesa de bodas persa (Sofreh Aghd). Un amigo mío y yo admirábamos su magnificencia cuando te aproximaste a nosotros y pacientemente nos ofreciste una fascinante explicación del profundo significado que tiene cada uno de los artículos que en aquella portentosa mesa reposaban en una mágica armonía en la que estaban reunidos el espejo, una soberbia veladora, el libro antiguo, pan persa y granos de trigo, frutas variadas, huevos especialmente decorados, las indispensables almendras, nueces y avellanas y miel de abeja. En medio de esa pletórica descripción de tan entrañable tradición que por milenios han celebrado los persas, mi amigo devoró una gran parte de la colación. Con una gran sonrisa, terminaste tu apasionante narración. No fue hasta un poco más tarde cuando que nos enteramos que en la milenaria tradición de Sofreh Aghd no se permite tocar y menos comer ninguna de las viandas de la mesa. Tu sonrisa fue realmente inolvidable.

Inolvidable también el momento la pregunta que me dirigiste cuando aquella tan alegre música persa inundó con sus melodiosos acordes el animado salón de fiestas en la que celebramos la boda. Exclamaste, "¿Sabes bailar?", a lo que de inmediato contesté con una negación. Tu respuesta fue también instantánea, "¡Pues te enseño!" Y ahí estuvimos, los muy orgullosos padres de tan bella novia y su apuesto consorte, bailando al son de esos exóticos ritmos en los que se entrelazan las hechizantes notas de tu ancestral y muy rica cultura. Bailaste con irrefutables gracia y maestría. ¡No así yo, pero con gran alivio, rápidamente me percate de que a pesar de mi torpeza en la pista de baile, tú jamas dejaste de sonreír! ¡Inolvidable!

Un eterno caballero, ofreciendo siempre una puerta abierta y dignísimo descendiente de aquellos persas que alguna vez gobernaron el mundo. Tu corazón era tan grande y generoso como lo fue tu inolvidable sonrisa.