Prólogo al Magnífico Libro de la Dra. Elena Guzmán Ramón


La Dra. Elena Guzmán Ramón, profesora ilustre del Tecnológico de Villahermosa, inmerecidamente me honró al pedir que escribiera un prólogo para su libro.  La Dra. Elenita, quien es, por cierto, toda una dama, tuvo la rara gentileza de pasar a casa de mis papás a dejar algunos ejemplares de su obra.  ¡Cómo me hubiera gustado poder acompañarla en esa evocadora terraza mientras disfrutaba con mis padres de algún café cordobés y algún exquisito postre de Yolanda! 


Me decía alguna vez un amigo profesor con la sabiduría propia del que ha recorrido incansable los tortuosos senderos de la academia, que la primera frase de un libro es frecuentemente la más difícil de escribir.  Una vez formuladas las primeras palabras, opinaba el venerable maestro, las demás fluyen una tras otra, a veces en alegre tropel. Aseguraba también que el escritor tiene la virtud de la valentía, pues al plasmar las difíciles letras iniciales, se está comprometiendo a terminar la obra a costa de muchos sacrificios y a sabiendas de que probablemente enfrentará críticas, escepticismo, y no singulares dificultades.


La Dra. Elena Guzmán Ramón ha labrado con su elegante pluma una magnífica obra que grácil y sutilmente escapa de la crítica dados sus concluyentes argumentos para la creación de un mundo mejor.   Qué apropiados le vienen a la dignísima doctora, ejemplo de la excelencia en la academia, los versos de mi ilustrísimo paisano, el egregio e inmortal Don Salvador:


Hay plumajes que cruzan el pantano

y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos!


En el mundo que afanosamente construye nuestra querida maestra Elena el plumaje de su libro no se ha de manchar en primer lugar por la soltura de su íntegra prosa, por su detallada documentación, y sobre todo, porque se viste de la incondicional esperanza de un futuro mejor.   Con señalada lógica y elevado empeño, Elena busca caminos que apuntan a un mundo de sinople desde disímiles perspectivas.  Resalta la necesidad de mejor educar al ser humano para que actúe perpetuamente en forma armónica y responsable en su entorno natural.  Sobresale la idea de que inclusive desde un punto de vista meramente económico y comercial, a las empresas les conviene buscar el ideal verde para lograr la sustentabilidad.


El libro que tiene usted en sus manos vale la pena por estar confeccionado con una innegable pasión de heredar a nuestros hijos una mejor morada.  Es un texto que merece la pena estudiarse.  Fue para mí una gran satisfacción y gratificación el haberlo leído.  Enhorabuena, Doctora Elena, y gracias por esta obra fruto de su encomiable esfuerzo e incuestionable inteligencia.


San Antonio, TX, EEUU

Noviembre 4, 2009